PATO Y MINI-TECNOCHOLO
Voy a narrar una historieta cojonuda basada en hechos reales, que a mí me dejo francamente acojonado y pensativo. Quizás por culpa de los acontecimientos que a posteriori contaré, ya no pude conciliar la concentración necesaria para llevar a cabo un estudio interesante.
Un lunes santo, en principio como otro cualquiera, andurreaba yo por las inmediaciones del templo del saber bibliotequil del poblado. Venía de ingerir un negrito; que por cierto, cada día los confeccionan más pequeños los hijos de la gran puta.
El caso es que llegando a la casa de la tortura académica, veo a lo lejos a un individuo de andares extraños, pluma sin igual y tatuajes inverosímiles. Digo HOSTIAS, el pato ¡!. Efectivamente, era el pato.
En la medida en que mis pasos me acercaban hacia el objetivo de mi paseo, veo a un mini-tecnocholo de unos 125 cms que con voz de chiquillo exclama: “PATO, MAMONA; ACERCAME UN FILTER”. Rápidamente pensé: ¿Qué ha querido decir este infante?
Tras décimas de segundo, conseguí traducir, sin no poco esfuerzo, aquellas palabras asombrosas. El mini-golfo le había pedido un cigarrillo al personaje.
Tras adivinar el significado de aquella petición de vicio para la jumera cancerígena, yo ya estaba al quite para llevar a cabo los apuntes necesarios, en un sms borrador, al objeto de elaborar un post para el blog.
El pato contestó al medio-cani: “Los niños de hoy, na más que libertinaje y golfería”. Estaba claro que de aquellas eruditas palabras del patol no devendría comunicación, puesto que el mini-tecnocholo no entendió nada. - ¿Qué dices maricón de mierda? ¡Que te parto la cabeza!- decía el chaval con sus 117´4 cms de altura.
El pato aligerando el paso respondió: “Yo no te conozco de na, hijo puta. Te voy a cortar las pelotillas y se las voy a echar a las gallinas”.
Yo, que soy devoto de situaciones gilipollezcas tales, seguía a 3 metros del nenaco, atento en la compuerta de la biblioteca a lo que allí acontecía. El aprendiz de tecnocholo me miró y me dijo: “El pato este es un amongolao.”
Yo le dije: “Chavalete, fumar mata”.
Al final convencí a pato para que convidara a mini-cani a un filter, se hicieron amigos, y pato adoptó a tecnocholo.
Un lunes santo, en principio como otro cualquiera, andurreaba yo por las inmediaciones del templo del saber bibliotequil del poblado. Venía de ingerir un negrito; que por cierto, cada día los confeccionan más pequeños los hijos de la gran puta.
El caso es que llegando a la casa de la tortura académica, veo a lo lejos a un individuo de andares extraños, pluma sin igual y tatuajes inverosímiles. Digo HOSTIAS, el pato ¡!. Efectivamente, era el pato.
En la medida en que mis pasos me acercaban hacia el objetivo de mi paseo, veo a un mini-tecnocholo de unos 125 cms que con voz de chiquillo exclama: “PATO, MAMONA; ACERCAME UN FILTER”. Rápidamente pensé: ¿Qué ha querido decir este infante?
Tras décimas de segundo, conseguí traducir, sin no poco esfuerzo, aquellas palabras asombrosas. El mini-golfo le había pedido un cigarrillo al personaje.
Tras adivinar el significado de aquella petición de vicio para la jumera cancerígena, yo ya estaba al quite para llevar a cabo los apuntes necesarios, en un sms borrador, al objeto de elaborar un post para el blog.
El pato contestó al medio-cani: “Los niños de hoy, na más que libertinaje y golfería”. Estaba claro que de aquellas eruditas palabras del patol no devendría comunicación, puesto que el mini-tecnocholo no entendió nada. - ¿Qué dices maricón de mierda? ¡Que te parto la cabeza!- decía el chaval con sus 117´4 cms de altura.
El pato aligerando el paso respondió: “Yo no te conozco de na, hijo puta. Te voy a cortar las pelotillas y se las voy a echar a las gallinas”.
Yo, que soy devoto de situaciones gilipollezcas tales, seguía a 3 metros del nenaco, atento en la compuerta de la biblioteca a lo que allí acontecía. El aprendiz de tecnocholo me miró y me dijo: “El pato este es un amongolao.”
Yo le dije: “Chavalete, fumar mata”.
Al final convencí a pato para que convidara a mini-cani a un filter, se hicieron amigos, y pato adoptó a tecnocholo.


4 Comments:
Jaja, hoy mismo te lo iba a comentar. Yo estuve trasnochando con el amigo Loncar (que este es otro tema) y me quedé cascando solo. No se si lo viste, pero el Kobe ayer fue una estafa. Mucho 53 puntos, pero cuando Memphis estaba a un triple se dedicó a penetrar y doblar un pase a un exterior... y así hasta cuatro veces le conté. La situación en cualquier partido debería haber sido de infarto, y Lamar Odon descojonándose tras fallar el triple que le daba el partido a los oseznos. ¿Todavía alguien se plantea poner al Bryant a la altura de Jordan? Hombre por dios...
Qué decadencia madre mía. Un equipo como Memphis, que ayer no hizo absolutamente NADA para ganar, y unos Lakers que apestaron. ¿Qué ha aprendido la superestrella de esos tres anillos? ¿De qué mierda vale meter 53 puntos si no vas a tener las pelotas de meter LA CANASTA? Y otro tema, ¿como unos Lakers en desbandada pudieron llegar a los 111 puntos? Vaya estafa la hostia.
Esperemos que el poblacho no siga el camino de la NBA con la plaga del ¡placa placa!. Luego te tengo que comentar otra estampa que se produjo en mitad del concierto de los Becerros, y la decepción de unos cuasi techno-cholos, y su decepción auditiva. Ya verás, ya veras...
Jillo, quieres que te adopte? Te gustaría que fuera tu padre si fuera tecnocholo? Los tecnocholos marcaron tendencia con aquellas zapatillas acorazadas que hoy se venden en tiendas de ropa urbana, previa formalización de hipoteca.
Lillo, el día que aparezcas por la facultad con unas zapatillas-tanketa con copete gordo, no te voy a dejar que me adoptes pero quizás te invite a un cubalibre.
La jerga tecnochil es sumamente interesante y digna de estudio. Desde míticas frases como: ¡cucha el notah! hasta otras exclamaciones tales como: ¡Ahí tu polla ijoh!
Publicar un comentario en la entrada
<< Home