ERAN OTROS TIEMPOS
Cuando los más pequeños me comentan que hay un jugador de basket asombroso que se llama Lebron James, y que hace unos mates de otro planeta; cuando algún enano flipado con la play me dice que hay un jugador increible que se llama Kobe Bryant y que sus jugadas son de ensueño; o cuando algún iluso de la vida me dice que hay un tipo que se llama Periquillo de los Palotes, y que es el mejor jugador que haya podido pisar una cancha jamás...yo simplemente les sonrio, pero a la vez me entristece un poco que no hayan tenido la suerte que he tenido yo de conocer a Mike.
Es difícil describir las sensaciones que tenía uno que viste y calza en tiempos de antaño, en los momentos previos a la visualización de un match de los BULLS de Chicago. Eran otros tiempos. Sólo ver a Michael Jordan saltar a la cancha mascando chicle, más chulo que Lauren Postigo el día de su boda zulú, ya era algo que generaba en mí un chispazo que me ponía como una harley davidson rugiendo a 1000 por hora por el Condado de McCormick. Sabías que esa noche tus ojos iban a percibir algún momento mágico, sorprendente, o imposible...eras consciente de que Michael Jordan podía en cualquier momento salir disparado por los aires y quedar en suspensión tal que halcón peregrino, o sacarse de la chistera cualquier truco milagroso para que la bola acabara dentro del aro. Sabías que DIOS estaba delante de tus ojos, con uná bola de basket en las manos...porque sólo DIOS puede ser un asesino insaciable y un seductor irresistible a la vez.
Es difícil describir las sensaciones que tenía uno que viste y calza en tiempos de antaño, en los momentos previos a la visualización de un match de los BULLS de Chicago. Eran otros tiempos. Sólo ver a Michael Jordan saltar a la cancha mascando chicle, más chulo que Lauren Postigo el día de su boda zulú, ya era algo que generaba en mí un chispazo que me ponía como una harley davidson rugiendo a 1000 por hora por el Condado de McCormick. Sabías que esa noche tus ojos iban a percibir algún momento mágico, sorprendente, o imposible...eras consciente de que Michael Jordan podía en cualquier momento salir disparado por los aires y quedar en suspensión tal que halcón peregrino, o sacarse de la chistera cualquier truco milagroso para que la bola acabara dentro del aro. Sabías que DIOS estaba delante de tus ojos, con uná bola de basket en las manos...porque sólo DIOS puede ser un asesino insaciable y un seductor irresistible a la vez.


0 Comments:
Publicar un comentario en la entrada
<< Home